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 Nota
Noticia:44752 MUSICA : 30/8/2015
Currents 

Los australianos de Tame Impala despejan dudas en "Currents"

OVEDADES DISCOGRÁFICAS


Los australianos despejan dudas y satisfacen con "Currents", mientras que los locales Mi Amigo Invencible, Katon, Cazacuervos y Sebastián Salvador confirman la riqueza que existe en la escena rockera argentina.
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TAME IMPALA, “CURRENTS”
La fórmula que Tame Impala presenta en su tercer disco, "Currents", es la ya conocida en sus dos anteriores trabajos y que los llevó a cosechar cierto prestigio entre las nuevas bandas de rock alternativo: mucho sonido espacial, voces que pueden llegar a cansar y melodías que se sientan en los teclados.

Así, con lo ya conocido, poco es lo que "Currents" aporta como novedad en la discografía de este quinteto australiano, cuyo líder, Kevin Parker, comanda desde una producción que está arriba del más mínimo detalle.
Nada en esta nueva placa está largada al azar, ni siquiera esos efectos de disco rayado en "Let it Happen" (un clásico psicodélico con movimientos sintetizados) o los de pasacassette sin pilas en "Nangs", una pieza de 1:47, en la que sólo se repite "¿pero hay algo más que esto?".
"Nangs" sirve como intro a "The Moment", una canción que trae ese espíritu disco soul, pero que cambia el swing que podría aportarle James Brown por la lisergia de las electrónicas bandas del Krautrock alemán, perdiéndose en el noise y en los miles de ruiditos de circuitos.
En "Yes, I am Changing", Tame Impala apaga las luces, baja la bola de boliche y se viste de traje con pantalones Oxfords para meterle mucho ambiente a una versión actualizada de Bee Gees, pero que olvida los beats pegajosos y movedizos que le daban gancho a esas canciones.
"Currents" va surfeando a través de sonidos, sonidos y más sonidos que lo trasladan a uno a viajes espaciales, a los que se les suma la voz del capitán anunciando el despegue, como en "Past Life", donde regresan, con un phaser en las guitarras, los efectos de cinta estirada.
En "Disciples", los australianos intentan meterle un poco de rock con una batería en cuatro por cuatro, un teclado con arpegiador y guitarras que sutilmente enganchan una distorsión desde las profundidades de un disco que se termina sumiendo en el letargo.


MI AMIGO INVENCIBLE, “LA DANZA DE LOS PRINCIPIANTES”
Nuevo álbum de este sorprendente sexteto mendocino, que edita el sello independiente Fuego Amigo Discos, y que había sorprendido a la crítica y a la escena con e notable “La Nostalgia Soundsystem” del 2013.
Este disco, producido por su comprovinciano Leandro Lacerna, abre con el instrumental “Cada vez”, un juego que arranca denso y luego se pone más rico con los arreglos de guitarra. De esta manera Arturo Martin en batería, Juan Pablo Quatrini en bajo, Leo Gudiño en percusión y voz, Nicolás Voloschin en guitarra y voz, Mariano Castro en voz y Mariano di Cesare en guitarra y voz, se presentan.

“Maquina del tiempo” abre con teclados especiales, la banda aparece suave y casi escondida, la voz suena procesada y recuerda a canciones del Charly García de “Clics Modernos” y de “Piano Bar”, el más new wave, hasta que aparece una guitarra bien punteada, metiéndole elementos más shoegaze, con una letra romántica, climática.
“Edmundo Año Cero” abre bien arriba, con la banda moviendo la maquina, largando el tren con mayor velocidad, la voz sigue procesada, pero la canción ya lleva un ritmo más alocado con una de las guitarras llevando la melodía y un punteo, mientras la otra mete todo tipo de efectos. El clima es muy post punk, trae cosas del primer Cure, aquel de “Seventeen secods” como lo marca el final, que también trae algo del Jesus and Mary Chain de “Darklands”.
“La danza de los principiantes” es una canción donde la guitarra y la batería con un sonido más electrónico juegan a armar un groove, con una letra más de cuento urbano, y gran trabajo de las guitarras, buscando el menos es más.
“Noches de ciencia ficción” es una oda a una noche eléctrica en su inicio con el rasgueo lento, taciturno de una guitarra y la voz que surge desde el fondo de la noche, estrellada, quieta, silenciosa, fría.
“Gato negro pasa” abre con la batería sintetizada, la guitarra riffeando, los teclados metiendo ruidos, voces en charla, coros nocturnos, hasta el minuto de canción, cuando aparece la letra cantada a dos voces, con un clima más optimista, con un estribillo más pegadizo, un final funky bailable, bien de los 80.

La saga de los gatos sigue con “Gato blanco atrincherado” más rockero, con el protagonismo de la guitarra, cantada a dos voces, sobre un minino que se protege de la lluvia que se juega su suerte, mientras las guitarras embellecen el camino.
“Leningrado” tiene cosas de los Strokes, pero remite al post punk y a la new wave con los acordes de las guitarras y el trabajo de las bases, con un estribillo juguetón. La guitarra sonando como un reloj trabajo y la batería son los primeros sonidos de “Puentes Rotos”, que retoma ese espíritu invernal, taciturno, con las voces atravesadas por efectos, hasta el estribillo que se mete en caminos de los new wave, con las voces mezclándose en un juego que le da más ritmo a la canción que tiene un interesante tono romántico, inclusive al final cuando las guitarras se ponen más ásperas y los colchones de teclados pulen las aristas más molestas.
“Mateo” parece un valsesito o una llullaby, una canción de cuna, para una niña de pelo ensortijado, ojos de ensueño. El cierre al disco se lo da “Entre los cuerpos” que retoma el sonido bien post punk, con una batería sintetizada, y un buen trabajo de las guitarras.


CAZACUERVOS, “ABISMO”
Primer discos de este quinteto de rock alternativo que tiene elementos más hard, cosas del stoner, con interesantes influencias de de los Queens of The Stone Age, con riffs machacantes, pegadizos, interesantes pasajes instrumentales y por momentos la saturación de los graves.
“Siempre vuelvo” abre con las voces bien graves de Diego Velázquez y notable trabajo instrumental de sus compañeros Franco Barroso en bajo, syntes, coros, Andrés Mariuzzo en guitarra, Alejandro Canosa en guitarra y Andrés Beaudoux en batería.
“Mientras dormías” lleva la voz como estandarte, con un gran trabajo de Velázquez, mientras la banda va calentando motores, hasta tomar velocidad, en una canción bien rutera, desértica, de caminos enloquecidos.
“Lo que queda” tiene a la banda jugando hasta encontrar el riff y el groove, con lo alternativo rozando lo metálico, buscando poder, fuerza. “Abismo” es más stoner, bien cruda por la voz bien grave, el riff saturado de graves, el sonido bien orgánico, hecho de arena, válvulas y madera.
La velocidad buscada entre los Foo Fighters y los QOTSA se percibe en “Despertate ya” con estribillos que apuntan a levantar, emocionar e invitan al mosh y al pogo. El bajo saturado, las guitarras sucias y crudas, la voz cavernal aparecen en “La oscuridad” mezclan el grunge con el stoner con muy buenos resultados, al estilo Soundgarden.
Las guitarras arman un riff que es como un gigantesco caracol para “Sin respirar”, donde el bajo vuelve a saturarse, a sonar grave, y Cazacuervos vuelve a atrapar en un gran trabajo instrumental y vocal.
“Tu secreto” sigue esa línea tipo Soundgarden, con muy buenos arreglos a dos voces, las bases bien cargadas y la violas desplegando un efecto mantrico. “Todo es uno” es pura velocidad, una melodía pegadiza, la batería y el bajo marcando el ritmo a toda velocidad, en otra marcha rutera. El disco se cierra con “Leven anclas” con un arranque más tranquilo que gana en poder y en tono épico a la altura del estribillo, cuando toda la banda le da rienda suelta a la electricidad.


KATON, “KATON”
“Katon", el primer disco de la banda homónima, presenta mucho rock stoner, guitarras crudas y una batería salvaje que acompañan a las letras intimistas y abstractas de este trío bonaerense.
El disco abre con "Desierto Rojo", un instrumental que brinda las principales señales de lo que se escuchará en los próximos cinco temas: una banda que le dedica mayor preocupación a los riffs, las bases y las rítmicas que a los arreglos.
Furia, el cantante guitarrista, le hace honor a su apodo, cantando las letras siempre al borde de un rasposo catarro que desgarra las cuerdas vocales y emerge como un serrucho por entre la violencia de los acordes.
"Radionucleido", el corte difusión, con un muy cuidado video incluido, empieza con una guitarra blusera, sobrepasada de distorsión, y continúa con clásicos cortes de batería que recuerdan a pasajes de "Welcome to the Sky Valley" de Kyus, aunque con una guitarra no tan oscura (diferencia que radica en el uso de una Jaguar en vez de la clásica caja hueca de Josh Homme).
El final del disco llega con "Regular Robert", una pieza de 27 minutos, con tracks ocultos, que también recuerda a canciones como "Little Sister" o "Regular Johnn", de Queens of the Stone Age.
"Katon" fue grabado y mezclado por Mauro López en La Puerta del Sol Estudios y Masterizado por Juan Cana San Martín en Astor Mastering.


SEBASTIÁN SALVADOR, "EL ÁRBOL SECRETO"
El cantante y compositor Sebastián Salvador condensa en "El árbol secreto", su tercer registro discográfico, once frescas canciones que encuentran una intrínseca relación con lo esencial de la naturaleza.
De esa forma "Luna de cristal" abre un disco, que mantiene su correlato en línea con las sensaciones universales y los sentidos inherentes al ser humano, apelando con cada metáfora a una relación entre las unidades fundamentales de la vida.
Este nuevo trabajo de Salvador, "El árbol secreto", invita a pensar en el vínculo perdido con lo natural, cuestiones que se dan por supuestas pero que nunca se interrogaron, esos detalles que quedan relegados al último plano de la existencia.
Entre latidos de corazón se entrevera "Estación", otra de las canciones que integra el disco, trayendo al frente lo que permite vivir pero que muy rara vez se intenta oír, y entre letras afirma: "Soledad, el cuerpo sabe/Escuchar el corazón latir/Apagar alarmas".
Con la participación de María Ulrich en voz y con la presencia de un bajo que se hace más sensitivo en "Arcilla" se configura un rock suave con reminiscencia beatle que apela a dejar el pasado detrás y a no perder "energía en las cosas que no vuelan".
Un sonido más eléctrico que, condimentado con distorsiones y efectos, encuentra su contraste en un cuerpo melodioso portado en la silueta de voz, se encaminan hacia el recorrido de las contradicciones de la abstracta "El mundo de las formas"

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La "energía de la banda" (como se detalla en el álbum) que comanda Salvador en voz y guitarra acústica, se congenia con Gerónimo Faralla en bajo, Pablo González en batería, Gonzalo Caparros en guitarra eléctrica y Víctor González Vigil en sintetizadores.

El ex Electra, banda que integró en los 90, e Interama, conformada nueve años más tarde, cuenta con dos trabajos discográficos anteriores, "Pastillas de aire" (2011), el debut con el que inauguró esta nueva etapa solista, y "Como una niebla de cristales", lanzado un año más tarde.



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